Garlic and Other Pleasures

One of the best things about retiring from my pediatric practice was that I was finally able to relax certain food restrictions which I had followed for many years.  During my 40-year career, I had maintained a long-established schedule of working Mondays, Tuesdays, Thursdays and Fridays.  Being off every Wednesday was a nice break during the week from the grind of a busy office practice. 

Garlic
Onions

My wife, who made most of the family meals during my working days, loves to cook with garlic, onions and other flavorful ingredients.   I enjoyed the variety of dishes but sometimes my patients would notice the next day. 

“Whoa!!!!”


“Ewwwww…, Dr. Kraft, your breath stinks,” one memorable patient announced as I was examining his ears.  He was an uninhibited five-year-old who didn’t hold back.  How can you possibly object to a child’s candor especially when you know he was right?  

From then on, I requested that my wife omit the garlic except on Tuesdays, Fridays and Saturdays so that I would have a day off for my breath to come back to normal.

When I retired six years ago, my garlic restrictions fell by the wayside.  I began to cook alongside my wife, and I was able to eat spicy foods with less fear of offending my little patients when I would enter their personal space.  However, since I was actively involved in a mentoring project, camera club meetings and Spanish conversation groups, I became a little more self-conscious again about what I was eating while we were still coming in close contact with other people. 

When the Pandemic struck last year and everything transferred to Zoom, I was free once again to explore the ingredients that we had learned to love. Since we were cooking all our meals, we became more creative using these spices and didn’t have to worry about offending anyone sitting next to us.  We no longer have to hesitate using garlic, cumin and onions in the many ethnic dishes we now make on a regular basis. 

A Zoom call

Nowadays on Zoom, it’s not unusual to notice that your male friends have neglected to shave, or that your female friends may not be coloring their hair as often as usual.  But no one yet has noticed that I might have just finished a bowl of very garlicky greens or a spicy Thai curry.

Being able to cook and eat with abandon has been one of the benefits of our being in a lockdown.  And when we venture out to go shopping, wearing our masks and following the rules of social distancing keeps us from having to worry about whether our breath may smell. 

This is just one of the ways we have learned to find something positive in the crazy disrupted world in which we are now living.   

Ajo y Otros Placeres

Una de las mejores cosas de retirarme de mi práctica pediátrica fue que finalmente pude relajar ciertas restricciones alimentarias que había seguido durante muchos años. Durante mis 40 años de carrera, había mantenido un horario establecido de trabajo los lunes, martes, jueves y viernes. Estar libre todos los miércoles fue un buen descanso durante la semana de la rutina de una práctica de oficina ocupada.

Ajo
Cebollas


A mi esposa, que preparaba la mayoría de las comidas familiares durante mis días laborales, le encanta cocinar con ajo, cebollas y otros ingredientes sabrosos. Disfruté de la variedad de platos, pero a veces mis pacientes se daban cuenta al día siguiente.


“Ewwwww … Dr. Kraft, su aliento apesta“, anunció un paciente memorable mientras yo examinaba sus oídos. Era un niño de cinco años desinhibido que no se contuvo. ¿Cómo puede objetar la franqueza de un niño, especialmente cuando sabe que tenía razón?

Mal aliento

A partir de ese momento, le pedí a mi esposa que omitiera el ajo excepto los martes, viernes y sábados para que yo tuviera un día libre para que mi aliento volviera a la normalidad.

Cuando me jubilé hace seis años, mis restricciones al ajo se quedaron en el camino. Comencé a cocinar junto a mi esposa y pude comer alimentos picantes con menos miedo de ofender a mis pequeños pacientes cuando ingresaba a su espacio personal. Sin embargo, dado que participé activamente en un proyecto de tutoría, reuniones de clubes de cámaras y grupos de conversación en español, volví a sentirme un poco más cohibido acerca de lo que estaba comiendo mientras todavía estábamos en contacto cercano con otras personas.

Cuando la pandemia golpeó el año pasado y todo se transfirió a Zoom, fui libre una vez más para explorar las especias que habíamos aprendido a amar. Como estábamos cocinando todas nuestras comidas, nos volvimos más creativos al usar estas especias y no teníamos que preocuparnos por ofender a nadie sentado a nuestro lado. Ya no tenemos que dudar en usar ajo, comino y cebolla en los muchos platos étnicos que ahora preparamos de manera regular.

Una llamada de Zoom


Hoy en día, en Zoom, no es raro notar que tus amigos varones se han olvidado de afeitarse, o que tus mujeres amigas pueden no teñirse el cabello con tanta frecuencia como de costumbre. Pero nadie se ha dado cuenta todavía de que acabo de terminar un plato de verduras con mucho ajo o un curry tailandés picante.


Poder cocinar y comer con abandono ha sido uno de los beneficios de estar encerrados. Y cuando nos aventuramos a ir de compras, usar nuestras mascarillas y seguir las reglas del distanciamiento social evita que tengamos que preocuparnos por si nuestro aliento puede oler


Esta es solo una de las formas en que hemos aprendido a encontrar algo positivo en el loco mundo trastornado en el que vivimos ahora.

Are You Pregnant?

“No I am not pregnant!”

One of the unwritten laws of the universe is never to mistakenly ask a woman if she is pregnant.  I learned this lesson early in my career as a pediatrician.  

It can take many months or years for some mothers to lose their “baby weight” after giving birth.  One mother, after I asked her the third time, made me write it on her son’s chart.  This was back in the old days when we had paper charts.  In bold letters, she instructed me to write, “MRS. S. IS NOT PREGNANT.”

Some twenty-five years later before I retired, she came to my office and we shared a good laugh about this. 

¿Está embarazada?

¡No, no estoy embarazada!

Una de las leyes no escritas del universo es no preguntar nunca por error a una mujer si está embarazada. Aprendí esta lección al principio de mi carrera como pediatra.

Algunas madres pueden tardar meses o años en perder el “peso de su bebé” después de dar a luz. Una madre, después de que le pregunté por tercera vez, me hizo escribirlo en la ficha de su hijo. Esto fue en los viejos tiempos cuando teníamos gráficos de papel. En negrita, me indicó que escribiera: “SRA. S. NO ESTÁ EMBARAZADA “.

Unos veinticinco años después, antes de que me jubilara, vino a mi oficina y nos reímos mucho de esto.

Esperando Los Pollos

See Auckland in the northern end of North Island

Cuando mi esposa y yo visitamos Nueva Zelanda hace unos años, nuestra primera parada después del largo vuelo fue en un hotel, el Waitakere Resort, en las afueras de Auckland. Era un lugar perfecto para recuperarnos del jetlag y, como descubrimos, para sintonizar nuestros oídos con el acento kiwi que estábamos a punto de escuchar durante el próximo mes de nuestro viaje.

El complejo estaba en lo alto de Waitakere Ranges, las pintorescas montañas al oeste de la ciudad. El hotel a la vista de la ciudad de Auckland estaba a 20 minutos en coche del aeropuerto y estaba situado muy por encima de la hermosa ciudad costera de Piha.

El camino que conduce al complejo es Scenic Road, un nombre muy apropiado. La entrada real al hotel es una carretera estrecha y sinuosa diseñada para un solo vehículo en cualquier dirección. Cuando expresé mi ansiedad por dejar el resort por este camino, la recepcionista sugirió que tratara de evitarlo durante las primeras horas de la tarde porque era cuando “the chickens would be arriving”  (“iban a llegar las gallinas”.)

Pensamos que quería decir que las aves de corral aparecerían en el menú de la cena a pesar de que teníamos ganas de probar el cordero de Nueva Zelanda. ¡No fue sino hasta que nos íbamos dos días después que la recepcionista se refería a los huéspedes que registraban (‘checking in”)  o “entraban” al hotel!

Además de enterarnos de que los acentos neozelandés y australiano eran muy diferentes, descubrimos que Piha Beach era el lugar destacado en la maravillosa serie “800 Words”, que fue excelente para atracones durante la pandemia de 2020. Fue divertido ver muchos sitios conocidos, como la imagen de abajo.

Piha Beach, NZ

Naked!

As a pediatrician, I would routinely examine newborn babies in the hospital rooms where their mothers were recuperating from the delivery. I would always knock on a closed door to avoid any embarrassing situations.

One time, a mother answered the knock on the door with “Come in,” only for me to find her standing totally naked in front of the sink within the room (not the bathroom). She was shaving her legs and underarms with a total lack of modesty.

I quickly closed the door and told her that I would come back when she was dressed. “ Oh, that’s all right,” she replied, “You can come in now.”  I did request that she at least put on a hospital gown so that I could examine her baby.

It turned out that she was from Brazil and believed that covering up was unnecessary. I remember warning my male partner about this since he was making rounds the next day.

I was never put off by mothers nursing in front of me, but I felt that it was strange and somewhat inconsiderate for anyone to be totally naked when I would walk into the room.

¡Desnuda!

Como pediatra, examinaba de forma rutinaria a los bebés recién nacidos en las habitaciones del hospital donde sus madres se estaban recuperando del parto. Siempre tocaba la puerta cerrada para evitar situaciones embarazosas.


Una vez, una madre respondió al golpe en la puerta con un “Adelante”, solo para que yo la encontrara de pie totalmente desnuda frente al lavabo dentro de la habitación (no el baño). Se afeitaba las piernas y las axilas con total falta de modestia.
Rápidamente cerré la puerta y le dije que volvería cuando ella estuviera vestida. “Oh, está bien”, respondió ella, “puedes entrar ahora”. Le pedí que al menos se pusiera una bata de hospital para que yo pudiera examinar a su bebé.
Resultó que ella era de Brasil y creía que encubrirse era innecesario. Recuerdo haberle advertido a mi colega sobre esto, ya que estaba haciendo rondas al día siguiente.
Nunca me desanimaron las madres que amamantaban frente a mí, pero sentí que era extraño y algo desconsiderado que alguien estuviera totalmente desnudo cuando entraba a la habitación.

Tickle, Tickle

In my 40 years as a pediatrician, I only saw this once.

I was examining a child, and as I began to palpate his abdomen, his mother, seated a few feet away, started to laugh hysterically. She said that whenever she saw anyone being touched, she would feel as if she were being tickled.

I called it “Sympathetic Tickling Syndrome. “ (It is a rare form of synesthesia.)

Can Pets Spread Disease?

Can pets carry disease?

Early in the 2020 COVID-19 Pandemic,  there were questions raised about whether household pets could be the carriers of COVID-19 within a home.   It reminded me of an incident from more than twenty years ago when the then-current theory that dogs could be the reason why it was difficult to eliminate the strep bacteria from certain families.

I was asked by a patient’s family to test their dog because of the difficulty they were having getting rid of recurrent strep throats in their three children. I arranged for them to bring their dog into my office after hours where we did a throat culture to send it to the lab for analysis. This took place in the days before the rapid strep test.

The problem was that we had sent the specimen under the name of the child who had experienced repeated strep infections. (What else was I supposed to do, submit it under the dog’s name, e.g. Fido Smith?)

A few days later, I received an urgent phone call from the pathologist in the laboratory.  He was very alarmed about the presence of some strange bacterial species which he had not seen in human patients. He was very angry when I told him the truth and implied that I was committing insurance fraud. He sent my office a bill for the test so that I could get the family to pay for their pet’s throat culture.

We wound up convincing the lab to cancel the bill as long as I promised never to send in a specimen from a pet under its owner’s name.