Es Un Mundo Pequeño

Antes de que mi esposa y yo fuéramos a la India por primera vez el año pasado, hice arreglos con algunos amigos indios para encontrarnos con sus primos en Mumbai después de que terminara nuestra gira.


El primero era primo de amigos judíos indios de Florida. Hemos conocido a muchos miembros de sus familias extensas de nuestro amigos cuando visitaron los Estados Unidos y también varias veces en Melbourne, Australia, donde vive la mayor parte de sus familias.


El primo, Abraham Moses y su esposa pasaron el día con nosotros y nos mostraron muchos de los sitios judíos en Mumbai. La mayoría de las personas desconocen por completo la antigua población judía en la India (una vez más de 50.000), principalmente en el área de Mumbai. Su número ha disminuido debido a la migración a Israel, Estados Unidos, Canadá y Australia. Los barrios que pueden haber tenido muchos judíos han sido reemplazados por una población musulmana e hindú. En las imágenes, se puede ver cómo las sinagogas han sido rodeadas por apartamentos destartalados y algunos rascacielos de nueva construcción.


Ellos nos llevaron a varios lugares que nunca hubiéramos podido visitar. Vimos la sinagoga donde se casaron nuestros amigos en Florida hace 25 años. También nos llevaron a un magnífico restaurante de mariscos llamado Trishna. Era como si estuviéramos visitando a unos primos perdidos.

La sinagoga en Mumbai donde se casaron nuestros amigos en Florida
El interior de la sinagoga
Frente al arca de la sinagoga


Curiosamente, los judíos en India casi nunca han experimentado incidentes antisemitas como en otros países con una gran mayoría musulmana. A pesar de una gran migración hacia el exterior, especialmente entre los más jóvenes y más educados, los judíos restantes no sienten ningún prejuicio. Históricamente, había muchos judíos en el ejército, el gobierno y la industria cinematográfica.

Una vista de las viviendas junto a la sinagoga

El primo, Dr. Bakin Nayak, al Museo de la Ciudad de Mumbai


Al día siguiente habíamos acordado encontrarnos con el primo de mi otro amigo indio de Florida, esta vez un primo hindú, Bakin, que también es médico.

Quería mostrarnos algunos lugares fuera de lo común en Mumbai, así que cuando nos conoció, preguntó si había algo que aún no habíamos visto. Le dijimos que no solo habíamos visto todos los sitios turísticos habituales, sino que el día anterior teníamos un tour judío especializado.


Inmediatamente, sus oídos se animaron. Me preguntó el nombre del primo judío de Mumbai. Bakin nos explicó que desde que era un niño, su mejor amigo era un niño judío que había dejado la India después de estudiar medicina con él y que había emigrado a Australia. Se mantuvieron amistosos y se mantuvieron en contacto casi todos los días.


Resultó que este médico australiano vivía en Tasmania donde ejerce la psiquiatría. Su hermano vive en Melbourne y, por coincidencia, estaba casado con la hermana de nuestro amigo indio judío de Florida. Habíamos conocido a esta hermana durante nuestros viajes allí, pero no a su esposo.


Nuestro nuevo médico amigo de Mumbai estaba tan emocionado con esta increíble coincidencia que llamó a su mejor amigo en Tasmania mientras conducía. Según sus creencias hindúes, este era un ejemplo perfecto de karma. Le expliqué que el pueblo judío ve el mismo fenómeno como un ejemplo de “bashert” o destino.


Nuestro segundo día de visita a “nuestros primos indios” también fue un gran éxito. Nos llevó a un excelente restaurante vegetariano después de visitar un famoso pozo escalonado (“a stepwell”) dentro de la ciudad de Mumbai.

Mi esposa, Meryl, y nuestro “primo” en Mumbai


Nunca hubiéramos creído que en la India, con una población de más de mil millones de personas, hubiera habido una posibilidad tan increíble de esta conexión entre dos familias de orígenes completamente diferentes.


¡Simplemente muestra lo pequeño que es este mundo!

It’s a Small World!

A Memorable Personal Experience While Traveling

Before my wife and I went to India for the first time last year, I arranged with a few Indian friends to meet their cousins in Mumbai after our tour had ended.

The first one was the cousin of Jewish Indian friends from Florida. We have met many of our friends’ extended families both when they have visited the United States and also several times in Melbourne, Australia where the bulk of his family lives.

One of his remaining cousins in India was Abraham Moses. He and his wife spent the day with us and showed us several Jewish sites which we never would have been able to visit on our own. We saw the synagogue where our friends in Florida were married 25 years ago. They also took us to a terrific seafood restaurant called Trishna. It was as if we were visiting long lost cousins. 

Our friends’ synagogue in Mumbai
In front of the ark of their synagogue
The interior of their synagogue

Most people are completely unaware of the ancient Jewish population in India (once more than 50,000), primarily in the Mumbai area.  Their numbers have decreased because of migration to Israel, the U.S., Canada and Australia.  The neighborhoods which may have once had many Jews have been replaced with the Muslim and Hindu population.  In the picture, you can see how the synagogues have been surrounded by ramshackle apartments. Newly-constructed high rise buildings are often directly adjacent to the older low-rise tenements. 

Muslim tenements in the previously Jewish neighborhoods

Interestingly, the Jews in India have almost never experienced any anti-Semitic incidents as in other countries with a large Muslim majority.  Despite a large outward migration, especially among the younger and more educated, the remaining Jews do not feel any prejudice.   Historically there were many Jews in the military and the government, and the Bollywood film industry.  


The next day we had arranged to meet the cousin of my other Indian friend from Florida, this time a Hindu first cousin, Bakin, who also happens to be a doctor.

Dr. Bakin Nayak at the City of Mumbai museum

He wanted to show us some out of the ordinary places in Mumbai, and so when he met us, he asked if there was anything that we had not yet seen. We told him that not only had we seen all of the usual tourist sites, but that the day before, we had a specialized Jewish tour.

Immediately, his ears perked up. He asked me the name of the Mumbai Jewish cousin. He explained that from when he was a small boy, his best friend growing up was a Jewish boy who had left India after studying medicine along with him and who had emigrated to Australia. They remained friendly and kept in touch almost every day.

Melbourne, in the south of Australia with the island of Tasmania off the coast

It turned out that this Australian doctor lived in Tasmania where he practices psychiatry. His brother lives in Melbourne, and by coincidence was married to the sister of our Jewish Indian friend from Florida. We had met this sister during our travels there but not her husband.

Our new Mumbai doctor-friend was so excited of this amazing coincidence that he called his best friend in Tasmania while he was driving. According to his Hindu beliefs, this was a perfect example of karma. I explained to him that the same phenomenon is seen by Jewish people as an example of “bashert” or destiny.

Our second day of visiting “our Indian cousins” was also a tremendous success.  He took us to an excellent vegetarian restaurant after we had visited a famous stepwell within the city of Mumbai.     

We never would have believed that in India with a population of more than a billion people, there would have been such an incredible chance of this connection between two families from completely different backgrounds.

It just shows what a small world it really is!

Ajo y Otros Placeres

Una de las mejores cosas de retirarme de mi práctica pediátrica fue que finalmente pude relajar ciertas restricciones alimentarias que había seguido durante muchos años. Durante mis 40 años de carrera, había mantenido un horario establecido de trabajo los lunes, martes, jueves y viernes. Estar libre todos los miércoles fue un buen descanso durante la semana de la rutina de una práctica de oficina ocupada.

Ajo
Cebollas


A mi esposa, que preparaba la mayoría de las comidas familiares durante mis días laborales, le encanta cocinar con ajo, cebollas y otros ingredientes sabrosos. Disfruté de la variedad de platos, pero a veces mis pacientes se daban cuenta al día siguiente.


“Ewwwww … Dr. Kraft, su aliento apesta“, anunció un paciente memorable mientras yo examinaba sus oídos. Era un niño de cinco años desinhibido que no se contuvo. ¿Cómo puede objetar la franqueza de un niño, especialmente cuando sabe que tenía razón?

Mal aliento

A partir de ese momento, le pedí a mi esposa que omitiera el ajo excepto los martes, viernes y sábados para que yo tuviera un día libre para que mi aliento volviera a la normalidad.

Cuando me jubilé hace seis años, mis restricciones al ajo se quedaron en el camino. Comencé a cocinar junto a mi esposa y pude comer alimentos picantes con menos miedo de ofender a mis pequeños pacientes cuando ingresaba a su espacio personal. Sin embargo, dado que participé activamente en un proyecto de tutoría, reuniones de clubes de cámaras y grupos de conversación en español, volví a sentirme un poco más cohibido acerca de lo que estaba comiendo mientras todavía estábamos en contacto cercano con otras personas.

Cuando la pandemia golpeó el año pasado y todo se transfirió a Zoom, fui libre una vez más para explorar las especias que habíamos aprendido a amar. Como estábamos cocinando todas nuestras comidas, nos volvimos más creativos al usar estas especias y no teníamos que preocuparnos por ofender a nadie sentado a nuestro lado. Ya no tenemos que dudar en usar ajo, comino y cebolla en los muchos platos étnicos que ahora preparamos de manera regular.

Una llamada de Zoom


Hoy en día, en Zoom, no es raro notar que tus amigos varones se han olvidado de afeitarse, o que tus mujeres amigas pueden no teñirse el cabello con tanta frecuencia como de costumbre. Pero nadie se ha dado cuenta todavía de que acabo de terminar un plato de verduras con mucho ajo o un curry tailandés picante.


Poder cocinar y comer con abandono ha sido uno de los beneficios de estar encerrados. Y cuando nos aventuramos a ir de compras, usar nuestras mascarillas y seguir las reglas del distanciamiento social evita que tengamos que preocuparnos por si nuestro aliento puede oler


Esta es solo una de las formas en que hemos aprendido a encontrar algo positivo en el loco mundo trastornado en el que vivimos ahora.

Garlic and Other Pleasures

One of the best things about retiring from my pediatric practice was that I was finally able to relax certain food restrictions which I had followed for many years.  During my 40-year career, I had maintained a long-established schedule of working Mondays, Tuesdays, Thursdays and Fridays.  Being off every Wednesday was a nice break during the week from the grind of a busy office practice. 

Garlic
Onions

My wife, who made most of the family meals during my working days, loves to cook with garlic, onions and other flavorful ingredients.   I enjoyed the variety of dishes but sometimes my patients would notice the next day. 

“Whoa!!!!”


“Ewwwww…, Dr. Kraft, your breath stinks,” one memorable patient announced as I was examining his ears.  He was an uninhibited five-year-old who didn’t hold back.  How can you possibly object to a child’s candor especially when you know he was right?  

From then on, I requested that my wife omit the garlic except on Tuesdays, Fridays and Saturdays so that I would have a day off for my breath to come back to normal.

When I retired six years ago, my garlic restrictions fell by the wayside.  I began to cook alongside my wife, and I was able to eat spicy foods with less fear of offending my little patients when I would enter their personal space.  However, since I was actively involved in a mentoring project, camera club meetings and Spanish conversation groups, I became a little more self-conscious again about what I was eating while we were still coming in close contact with other people. 

When the Pandemic struck last year and everything transferred to Zoom, I was free once again to explore the ingredients that we had learned to love. Since we were cooking all our meals, we became more creative using these spices and didn’t have to worry about offending anyone sitting next to us.  We no longer have to hesitate using garlic, cumin and onions in the many ethnic dishes we now make on a regular basis. 

A Zoom call

Nowadays on Zoom, it’s not unusual to notice that your male friends have neglected to shave, or that your female friends may not be coloring their hair as often as usual.  But no one yet has noticed that I might have just finished a bowl of very garlicky greens or a spicy Thai curry.

Being able to cook and eat with abandon has been one of the benefits of our being in a lockdown.  And when we venture out to go shopping, wearing our masks and following the rules of social distancing keeps us from having to worry about whether our breath may smell. 

This is just one of the ways we have learned to find something positive in the crazy disrupted world in which we are now living.   

El QVB en Sídney, Australia

Dicen que la música es el lenguaje universal. Puede acceder a los rincones más profundos del cerebro.


Mientras mi esposa Meryl y yo viajábamos por Australia, nos detuvimos en el edificio Queen Victoria (QVB), un mercado cuidadosamente renovado en el distrito central de negocios de Sydney. Originalmente diseñado a finales del siglo XIX, fue construido en el estilo románico popular en ese momento, con una cúpula central que consta de una cúpula de vidrio interior y uuna catedral con sus vidrieras y cúpulas más pequeñas en las esquinas del edificio, la grandeza de este edificio renovado es impresionante. Su tercer piso superior está bañado por un resplandor rosado mientras la luz se filtra a través del vidrio coloreado.

El interior del edificio QVB



Cuando nos acercábamos al tercer piso, pude escuchar a alguien tocando un piano de cola. Era un joven alemán que había estado enseñando inglés en China durante años. Explicó que era un “habitual” en el piano público QVB, pasando con frecuencia en el centro comercial cada vez que estaba en Australia. Se había reunido una multitud de oyentes, algunos de los cuales estaban esperando su turno para tocar.


Me sentí cómodo hablando con los compañeros amantes de la música y descubrí que había gente de Sydney que venía aquí a menudo para escuchar estos conciertos espontáneos. Varias familias de Hong Kong y China que habían estado comprando en las tiendas de lujo escucharon música en vivo y se sintieron atraídas por la fuente. También hubo algunos turistas europeos que se habían enterado del piano QVB en su página de Facebook.

Un piano público (¡no soy yo!)


Cuando me llegó el turno de tocar, elegí algunas melodías de espectáculo en contraste con las piezas clásicas que había tocado el joven alemán. Como estábamos planeando ver a “My Fair Lady” en la Ópera de Sydney al día siguiente, mis opciones incluían “I Could Have Danced All Night” (“Podría Haber Bailado Toda la Noche”) hasta “I’ve Grown Accustomed to Your Face” (“Me He Acostumbrado a Su Rostro”). Cuando terminé de tocar la segunda canción, la audiencia había crecido a más de 20 personas, y muchas cantaban junto con las conocidas letras del programa.

Disfruté viendo cuánto placer traía mi música a esta audiencia tan diversa. No fue solo la popularidad de este musical clásico; era el sentido de conexión que la música familiar brinda a sus oyentes, incluido yo mismo.


Cuando el siguiente pianista tomó su turno, una familia asiática se me acercó. Sus dos hijos adolescentes hablaban inglés perfectamente. Me dijeron que eran originarios de Hong Kong y que se habían mudado definitivamente a Australia hace algunos años. Los chicos asistían a la escuela secundaria en Sydney.


Al niño mayor, William, le encantaba tocar el piano y llevaba a su familia al piano QVB cada vez que estaban en el centro de la ciudad. A menudo venía solo para conocer gente de todo el mundo. Como yo, había tropezado con el piano por casualidad.


Casualmente, estábamos planeando visitar Hong Kong unos meses más tarde, mientras regresábamos a los Estados Unidos. William estaba viajando allí al mismo tiempo para visitar a algunos familiares al final de su año escolar.


A mi esposa le encanta decir que nunca me gusta dejar pasar una oportunidad mientras viajamos, así que le sugerí que nos reuniéramos con William mientras estábamos en Hong Kong antes de regresar a los Estados Unidos.

Una típica escena callejera en Hong Kong


Mientras estaba allí, William nos recibió en nuestro hotel y nos llevó a ver algunos de sus lugares favoritos. Pasamos todo el día con él, usando el transporte público, visitando mercados frecuentados solo por residentes nativos, comiendo en restaurantes sin un menú traducido al inglés y yendo a lugares donde los autobuses turísticos nunca se aventuraban. Era como si estuviéramos visitando a un viejo amigo, todo debido a nuestro amor por tocar el piano.

Durante toda mi vida, tocar el piano ha sido una fuente de disfrute y relajación. Cuando tengo la oportunidad única de compartir este placer con otros, especialmente en un país extranjero, se suma a mi emoción de interactuar con gente nueva, que resulta ser la razón principal por la que me encanta viajar. La música para mí es verdaderamente el lenguaje internacional de la amistad.

The QVB in Sydney, Australia

They say that music is the universal language.  It taps into the deepest recesses of the brain.

While my wife, Meryl, and I were traveling in Australia, we stopped in the Queen Victoria Building (QVB), an elaborately renovated marketplace in the Sydney Central Business District.   Originally designed at the end of the 19th century, it was constructed in the Romanesque style popular at that time, with a central dome consisting of an interior glass dome and a copper-sheathed exterior.    Resembling a cathedral with its stained-glass windows and smaller domes on the corners of the building, the grandeur of this renovated building is impressive.  Its uppermost third floor is bathed in a rosy glow as light pours through the colored glass. 

The interior of the QVB

As we approached the third floor, I could hear someone playing a grand piano.  It was a young German man who had been teaching English in China for years.  He explained that he was a “regular” at the QVB public piano, stopping by frequently at the shopping center whenever he was in Australia.  A crowd of listeners had gathered, some of whom were waiting their turn to play.

A public piano in another city (That’s not me!)

I felt comfortable talking to the fellow music lovers and found out that there were people from Sydney who came here often to hear these spontaneous concerts.  Several families from Hong Kong and China who had been shopping in the upscale stores heard the live music and were drawn to the source. There were also some European tourists who had learned about the QVB piano on its Facebook page.

When it was my turn to play, I chose a few show tunes in contrast to the classical pieces that the young German man had played.  Since we were planning to see “My Fair Lady” at the Sydney Opera House the next day, my choices included “I Could Have Danced All Night” to “I’ve Grown Accustomed to Her Face.”   As I finished playing the second song, the crowd had grown to more than 20 people, and many were singing along with the show’s well-known lyrics. 

I enjoyed seeing how much pleasure my music brought to this very diverse audience.  It wasn’t just the popularity of this classic musical; it was the sense of connection that familiar music brings to its listeners, myself included.   

As the next pianist took his turn, an Asian family approached me.  Their two teen-aged sons spoke English perfectly.  They told me that they were originally from Hong Kong and had moved permanently to Australia some years back. The boys were attending high school in Sydney. 

The older boy, William, loved to play piano and brought his family to the QVB piano every time they were in the downtown area.  He often came just to meet   people from all over the world.  Like me, he had stumbled on the piano by chance.

Coincidentally, we were planning on visiting Hong Kong a few months later as we were making our way back to the United States.  William happened to be traveling there at the same time to visit some relatives at the end of his high school year. 

My wife loves to say that I never like to pass up an opportunity while we’re traveling, so I suggested that we meet up with William while we were in Hong Kong before returning to the US.

A typical Hong Kong street scene

While there, William met us at our hotel and took us to see some of his favorite places.  We spent the whole day with him, using public transportation, visiting markets frequented only by native-born residents, eating in restaurants without an English-translated menu and going to places where tour buses never ventured.  It was as if we were visiting an old friend, all due to our love of playing the piano.

For my entire life, playing the piano has been a source of enjoyment and relaxation. When I am given a unique chance to share this pleasure with others, especially in a foreign country, it adds to my thrill of interacting with new people, which happens to be the major reason why I love to travel.

Music for me is truly the international language of friendship. 

Olfactory Consults

Olfactory Consults

Recently, much has been discussed about the loss of the sense of smell in the early stages of COVID-19.  This reminds me of my introduction to the art of olfactory diagnosis.

Almost 50 years ago, I was a medical student at a New York City hospital where some of the old buildings still had elevator operators. There was one woman operator who was known to the medical students (because she would ask us questions) whose trichomonas urinary tract infections were obvious as soon as we entered her elevator. 

As a practicing pediatrician for over 35 years in Florida, there were many times that I would walk into the exam room and I could immediately recognize the smell of the streptococcal bacteria causing the child’s throat infection. Before they even told me why they had come in to see me, I would ask them, “How long have you had a sore throat?” and they would think I was psychic. 

Consultas Olfativas

Recientemente, se ha discutido mucho sobre la pérdida del sentido del olfato en las primeras etapas del COVID-19. Esto me recuerda mi introducción al arte del diagnóstico olfativo.


Hace casi 50 años, era estudiante de medicina en un hospital de la ciudad de Nueva York donde algunos de los edificios antiguos todavía tenían operadores de ascensores. Había una operadora que era conocida por los estudiantes de medicina (porque nos hacía preguntas) cuyas infecciones del tracto urinario por tricomonas eran obvias tan pronto como entramos en su ascensor.


Como pediatra durante más de 35 años en Florida, hubo muchas ocasiones en las que entré a la sala de examen y pude reconocer de inmediato el olor de las bacterias estreptocócicas que causan la infección de garganta del niño. Antes de que incluso me dijeran por qué habían venido a verme, les preguntaba: “¿Cuánto tiempo hace que tiene dolor de garganta?” y pensarían que soy un psíquico.

¡No Juzgues!

En la primera entrega de nuestra nueva función mensual, Publicaciones de Oradores Invitados, mi yerno, Matt Hunt, escribió este artículo hace unas semanas.
Matt es piloto de la Guardia Costera de los Estados Unidos y vive con su familia en Sacramento, CA.

Mi yerno, Matt Hunt, el primero de los autores invitados

Es la temporada para dar, por eso pido humildemente que se me conceda gracia y perdón.

A los residentes que viven al este de la intersección de Northpark Drive y Opal Drive a lo largo del pequeño arroyo / barranco, por favor acepten mis más sinceras disculpas. En muchas carreras diurnas o nocturnas, admito que te juzgué por lo que me pareció un consumo irrazonable o irresponsable de lo que olía a Purple Kush. Estuve mal por mi parte hacerlo por varias razones.

Hace dos semanas, decidí escabullirme en una carrera nocturna antes de la cena por una de mis rutas favoritas. Iba a un ritmo de 8 a 9 minutos por milla en la acera cuando este perrito salió corriendo de los arbustos y se congeló en seco frente a mí. Pensé que este pobre perrito estaba perdido y necesitaba mi ayuda. Así que me agaché y rápidamente me di cuenta de que no era un perro y que no quería mi ayuda. (Tenga en cuenta que la siguiente parte de esta historia tarda menos de dos segundos en desarrollarse).

En la oscuridad, pude distinguir un pelaje blanco y unos dientes gruñendo, e inmediatamente pensé que esta zarigüeya con la que estoy cara a cara está a punto de destrozarme. En mi prisa, me moví rápidamente a la izquierda, pero la criatura se movió a la derecha. Luego me moví a la derecha, pero él / ella se movió a la izquierda. Al parecer, hemos llegado a un punto muerto. Cuando el animal dio media vuelta, escuché un sonido distinto que nunca olvidaré: “pffffffffffffff”.

Sentí que el rocío comenzaba en mis pies, subía por mi pierna, costado, brazo y cara izquierdos. ¡Entonces me di cuenta de que me habían rociado a quemarropa lo que solo podía ser una mofeta norteamericana!

“Pffffffffff,” dijo la mofeta

Empecé a correr y maldije en voz alta mientras pasaba corriendo junto a un caballero en la esquina. Me preguntó si estaba bien y todo lo que pude decir fue: “¡No vayas por ahí, mofeta!”. Mientras pasaba junto a él, dijo: “¡Vaya, eso huele muy mal!”

La peor parte fue que todavía tenía dos millas por recorrer antes de llegar a casa. Con cada paso, sentía que el spray se filtraba por cada poro y me chamuscaba los pelos de la nariz.

Cuando finalmente llegué a casa, le dije a nuestra hija que pusiera a Nanna en su habitación, abriera la ducha y buscara en la despensa cualquier cosa con base de tomate. Me desnudé en el porche delantero, subí corriendo las escaleras y me lavé durante casi 30 minutos.

Dicho todo esto, pude quitarme lo peor esa noche, pero tuve un ligero olor durante los siguientes dos días. Las únicas víctimas fueron mis zapatos para correr de confianza y una funda de silicona para iPhone.

A mis vecinos en la intersección, nuevamente les pido disculpas por juzgar y por las secuelas de mi incidente. Pasé corriendo junto a la escena al día siguiente y tuve que cruzar la calle para evadir el olor acre. Todos ustedes son verdaderos santos por compartir su extenso patio trasero con nuestros amigos, los Mephitidae.

A medida que continuamos invadiendo la naturaleza, debo recordarme que ellos estuvieron aquí primero y su presencia es una bendición.

Don’t Be Judgmental

In the first installment of our new monthly feature, Posts by Guest Speakers, my son-in-law, Matt Hunt, wrote this piece a few weeks ago. I thought it was perfect way to start this new column.

Matt is a pilot in the U.S. Coast Guard and lives with his family in Sacramento, CA.

Matt Hunt, and his plane at the Coast Guard station in Sacramento, CA

It’s the season for giving, so I humbly ask that grace and forgiveness be given to me. 

To the residents who live East of the Northpark Drive and Opal Drive intersection along the small creek/ravine, please accept my sincere apologies. On many day or night runs I admittedly judged you for what seemed to me unreasonable or irresponsible consumption of what smelled like a Purple Kush. It was wrong of me to do so for several reasons.

Two weeks ago, I decided to sneak in a before-dinner night run along one of my favorite routes. I was up to an 8-9 minute per mile pace on the sidewalk when this little dog ran out of the bushes and froze in its tracks in front of me. I thought this poor little dog was lost and needed my help. So I reached down and quickly realized it wasn’t a dog, and he/she did not want my help. (Mind you the next part of this story takes less than two seconds to unfold.) 

In the darkness, I could make out some white fur and snarling teeth, and I immediately thought this possum I’m face-to-face with is about to tear me up. In my haste I quickly moved left, but the critter moved right. Then I moved right, but he/she moved left. We’ve apparently reached an impasse. As the animal did an about face,  I heard a distinct sound I will never forget – “pffffffffffffff.” 

I felt the spray starting at my feet, up my left leg, side, arm and face. I then I realized I had been sprayed at point-blank range by what could only be a North American skunk!!!

“Pfffffffffff!” said the skunk

I started sprinting away and cursed loudly as I ran past a gentleman on the corner. He asked me if I was okay and all I could get out was, “Don’t go that way – skunk!”. As I continued past him, he said “Wow, that smells really bad!”

The worst part was that I still had two miles to run before reaching home. With every stride, I felt the spray seep in to every pore and singe my nose hairs.

When I finally got home, I told our daughter to put Nanna in her bedroom, start the shower and search the pantry for anything with a tomato base. I got naked on the front porch and sprinted up the stairs and scrubbed myself for a better part of 30 minutes.

All said, I was able to wash off the worst of it that night, but I carried a slight odor for the next two days. The only casualties were my trusted running shoes and a silicone iPhone case.

To my neighbors at the intersection, I again apologize for being judgmental and for the aftermath of my incident. I ran past the scene the very next day and had to cross the street to evade the pungent smell. Y’all are true saints for sharing your extended backyard with our friends, the Mephitidae.

As we continue to encroach on nature, I have to remind myself that they were here first and their presence is a blessing!